domingo, 9 de diciembre de 2018

El uro, el gran bóvido extinto

Cráneo de uro hallado en la Sierra Salvada. Museo de Ciencias Naturales de Álava MCNA 1152 (Fot.: Archivo de S. de Restauración, DFA)
De las especies de fauna extintas el uro (Bos primigenius) seguramente sea una de las más conocidas. La razón de ello tiene que ver con el gran tamaño que alcanzaban estos animales (en la época pleistocénica podían llegar a medir los machos más de dos metros de altura hasta la cruz y durante el Postglacial 1,75 m) y a que su extinción se produjo en épocas relativamente recientes, concretamente el último ejemplar murió en Polonia en 1627. Sin olvidar que los diferentes proyectos para recrear a esta especie han tenido siempre un considerable impacto mediático.


El origen del uro parece situarse en la región de la India hace entre 1’5 y 2 millones de años extendiéndose posteriormente por el resto de Asia, norte de África y Europa, incluida la península Ibérica, aunque en el norte de ésta, al ser una especie que soportaba mal las condiciones muy secas y frías, no empieza a ser abundante hasta el final de las glaciaciones (Würm IV) cuando se produce a escala global un aumento de las temperaturas y de la humedad.

Gran clavija córnea de uro hallada en Aramaiona. Museo de Ciencias Naturales de Álava.
Sin embargo a medida que transcurre el tiempo el uro va a ir desapareciendo poco a poco de entre las piezas cazadas por las diferentes sociedades humanas que ocupan nuestro territorio debido a una reducción progresiva de sus efectivos y, sobre todo, al creciente proceso de domesticación que dará lugar al ganado vacuno actual (Bos taurus), aunque la pervivencia de esta especie pudo llegar hasta el comienzo del primer milenio como demuestra el hallazgo de huesos de uro en la cueva Amalda de Zestoa fechados en la época tardorromana.

Cráneo de uro hallado en la Sierra Salvada. Museo de Ciencias Naturales de Álava MCNA 1152 (Fot.: Archivo de S. de Restauración, DFA)
En la Sierra Salvada, al igual que en otros sistemas kársticos próximos como Gorbea o la Sierra de Gibijo, la existencia de numerosas cavidades ha permitido la conservación y localización de restos óseos de todo tipo de animales incluido el uro, algunos de ellos de consideración como el esqueleto casi completo de la Sima de las Grajas en la Sierra de Gibijo o el gran cráneo descubierto en la Sima del Puente en la Sierra Salvada.

Comparación entre astrágalos de uro y de vaca. Museo de Arqueología de Álava.

Pero la contemplación del uro pastando en la Sierra Salvada junto con caballos salvajes o bisontes puede que se convierta en algo más que una escena imaginada pues desde hace un siglo se vienen sucediendo distintos proyectos para recrearlo, el último de ellos a partir de razas de vacuno genéticamente próximas al uro como la sayaguesa de Zamora.

Zona matorralizada de la Sierra Salvada. 
Además cada día cobra más auge el movimiento rewilding, aquí se pueden consultar varios artículos al respectoque pretende la recuperación de espacios naturales con su fauna autóctona, tanto la que se ha conservado hasta el día de hoy como la que se extinguió, entre las que estaría el uro, una de las especies claves que controlarían la matorralización y, por lo tanto, la prevención de incendios, en aquellos lugares donde el abandono de las prácticas agrícolas y ganaderas provoca que la vegetación se desarrolle sin cortapisas.


Agradecemos al Museo de Ciencias Naturales de Álava las fotografías que nos han proporcionado del cráneo de uro hallado en la Sima del Puente de la Sierra Salvada.


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