lunes, 5 de julio de 2021

Tórtola europea, la gran olvidada

Cantan las abubillas. Los abejarucos, con su particular y grácil vuelo aprovechan los primeros rayos de sol para cazar los primeros insectos del día, y mientras tanto, un corzo ladra en la lejanía.

Estamos en las inmediaciones del Ebro, en la parte suroeste de Álava. Los campos y cultivos están empezando a secarse por las escasas lluvias en la zona, y el paisaje va cogiendo ese color estival que certifica el fin de la primavera.

Como cada mañana, las tórtolas cantan desde sus posaderos favoritos, marcando el territorio a sus competidores o intentando atraer a alguna hembra. De hábitats cálidos, estas aves han llegado desde el trópico africano para realizar la cría de sus pollos y pasar el verano en Europa, y tenemos la suerte de poder disfrutar de ellas hasta el comienzo del otoño.


Esta bonita ave, sufre un fuerte declive poblacional por la destrucción y la alteración de hábitat de cría por la intensificación agrícola, así como las sequías y el sobrepastoreo en el continente africano.

A todo esto, hay que añadirle la enorme presión cinegética a la que se ve sometida esta ave.

Históricamente, ha sido un ave común en los campos ayaleses. Con áreas de cría por todo el territorio, la comarca ayalesa era un hábitat idóneo para la tórtola. Caseríos con sus cultivos de cereal, pequeñas huertas, maizales y patatales componían el paisaje de nuestro territorio. Hasta que la industrialización y el consecuente éxodo rural hacen que se pierdan en gran medida los cultivos y zonas agrícolas, dando paso a las grandes extensiones de campiña para las explotaciones ganaderas. Esto hizo que la tórtola europea fuera abandonando progresivamente la comarca, hasta el punto actual el cual ha dejado de criar en la zona, y solo es posible ver individuos de paso en la época de la migración.


El pasado febrero, la Comisión Estatal para el patrimonio Natural votó incluir al lobo en el listado de Protección Especial. Votación en la que también se denegó a la tórtola europea ser declarada como Vulnerable, decisión que, de ser aprobada, llevaría a esta ave de la retirada de las órdenes de vedas de todo el territorio.

Estos últimos días se ha especulado la retirada del orden de vedas de todo el Estado por la reconsideración científica de la situación actual de la tórtola. Debido a la situación crítica de la tórtola en la península Ibérica, su posible retirada como especie cinegética puede estar acercándose, ya que desde la Comisión Europea exige una mayor protección para los hábitats de esta especie. De lo contrario, se elevará el expediente al Tribunal de Justicia de la Unión Europea, dando así continuidad al procedimiento de infracción que inició contra las autoridades españolas en el 2019, cuando estimó que no se habían adoptado las medidas necesarias para garantizar la protección de los hábitats y la caza sostenible de esta especie.

Xabi Ramos

 


miércoles, 23 de junio de 2021

El acónito, la planta más venenosa de Europa

Aconitum vulparia. Foto Xabi Iturrate.

La ausencia de la capacidad motora de las plantas las ha llevado a desarrollar a lo largo de la evolución diferentes estrategias para defenderse de posibles amenazas sin tener que recurrir al movimiento que las permitiría huir o esconderse. Entre estas estrategias se encuentra la capacidad de generar sustancias que resulten tóxicas para potenciales depredadores que intenten alimentarse de ellas como insectos, aves o, incluso, mamíferos. Algunas de ellas son también tóxicas para el ser humano, a veces en grado extremo, denominándolas entonces venenos; son bien conocidos el estramonio, la cicuta, el tejo o la belladona, pero ciertamente son muchas las plantas que contienen algún tipo de sustancia perjudicial para nuestro organismo: el bonetero, el aro, el muérdago, la nueza negra, la adelfa, la dedalera... En esta ocasión vamos a hablar del acónito, una de las plantas más venenosas de Europa.

Aconitum vulparia. Foto Xabi Iturrate.

Aunque para ser más precisos habría que hablar de acónitos, ya que el género Aconitum (dentro de la familia de las Ranunculáceas) está compuesto por más de tres centenares de especies en todo el mundo que se caracterizan, entre otras cosas, por contener el alcaloide denominado aconitina, un compuesto de gran toxicidad. De entre todos ellos destaca por su capacidad letal el acónito indio (Aconitum ferox), usado antiguamente en La India para envenenar flechas y lanzas.

Aconitum anthora. Sarra, Pirineos. Foto Patxi Aiaratik
Este género cuenta en la península Ibérica con cuatro especies y a este blog traemos dos de ellas que crecen en nuestro entorno: Aconitum napellus y Aconitum vulparia. El Aconitum napellus presenta flores de azul intenso y se denomina popularmente matalobos, quizá sea el acónito más conocido de la península. La fotografía siguiente la tomamos el año pasado en un bosque de ribera junto al río Baias, cerca del pueblo de Katadiano (municipio de Kuartango). Las proximidades de los arroyos suelen ser uno de los lugares donde crece esta especie, además de zonas de montaña, áreas nitrificadas y cercanías de apriscos.

Aconitum napellus. Katadiano. Foto Gustavo Abascal.

Aconitum napellus. Sarra, Pirineos. Foto Patxi Aiaratik.

Aconitum napellus. Katadiano. Foto Gustavo Abascal


El Aconitum vulparia presenta unas flores cilíndricas de color amarillo que le dan el nombre popular: acónito amarillo o de flor amarilla. Requiere lugares húmedos y sombríos y resulta frecuente en las laderas de la Sierra Salvada, en megaforbios al pie de los cantiles o en las ereas de la sierra, lugar donde se han tomado estas fotografías, concretamente en las proximidades del pico Iturrigorri.

Aconitum vulparia. Sierra Salvada. Foto Patxi Aiaratik.

Aconitum vulparia. Sierra Salvada. Foto Patxi Aiaratik.

Tanto un acónito como el otro poseen una capacidad toxicológica similar. El lugar de la planta donde existe más concentración de aconitina es en el tubérculo, pero también en tallos y hojas. Únicamente son suficientes 5 miligramos, lo que correspondería a 34 gramos del tubérculo, para matar a una persona en cuestión de pocas horas, si no mucho antes. Es tal letal este veneno que incluso el simple contacto con la piel produce anestesias regionales.

Aconitum vulparia. Sierra Salvada. Foto Xabi Iturrate.

A modo de ejemplo, esta sería una de las muchas descripciones de los síntomas de intoxicación. Aparece en La guía de Incafo de las plantas útiles y venenosas de la península ibérica y Baleares (1991) de D. Rivera y C. Obón:

La ingestión del acónito provoca un hormigueo y picazón en la boca, garganta y cara, seguido de una sensación de torpeza, hormigueo en la espalda y en los miembros, vértigo y debilitamiento del latido cardiaco. La víctima siente que la piel de la cara se encoge alrededor de la boca y que la cabeza se le agranda. Se observa una pérdida sensible de fuerza muscular y se producen convulsiones extremas, inflamaciones próximas al gangrenismo. Hace imposible la deglución de los alimentos a los animales que la comen, corroyendo sus partes internas, provocando vómitos y diarrea, acompañados de intensa sed. Ocasiona un grave peso en el estómago, naúseas y vómitos, hinchazón en el cuerpo y lágrimas en los ojos, dolor de cabeza y sensación de frío. La muerte se produce por parálisis de los músculos relacionados con la respiración a causa de un colapso cardíaco.

Aconitum vulparia. Sierra Salvada. Foto Patxi Aiaratik.

El conocimiento de las plantas y el empleo de algunas de ellas con fines medicinales fue habitual antes del desarrollo de los medicamentos tal como los conocemos hoy, y el acónito era sobradamente conocido desde la Grecia clásica, sobre todo como veneno infalible. Fue uno de los venenos más empleados por los griegos y en el mundo romano fue tan popular que llegó a prohibirse su cultivo. Una búsqueda por internet nos muestra el triste historial de muerte por la ingestión del acónito, tanto de manera involuntaria al desconocer su toxicidad como de manera voluntaria para acabar de manera rápida y barata con la vida de una persona, o varias como demuestra su utilización por asesinos en serie.

Sobra decir que está completamente desaconsejado su cultivo, empleo en jardinería y, por supuesto, con fines medicinales.



viernes, 28 de mayo de 2021

Gran pavón en Lekamaña

La semana pasada Mara, una vecina de Lekamaña de 10 años y gran apasionada de la naturaleza, nos envió las siguientes fotos asombrada por el tamaño de la mariposa que encontró en su casa. Se trataba de un ejemplar de gran pavón (Saturnia pyri), el lepidóptero e insecto más grande de Europa ya que puede alcanzar en torno a los 15-16 cm de envergadura, precisamente el tamaño que poseía nuestra protagonista.


Es muy poco usual observar un ejemplar de esta especie debido a sus hábitos nocturnos y a su corta vida, pero realmente forman parte de nuestra fauna. Como se aprecia en la imagen siguiente, el gran pavón se distribuye en Europa por la zona central y la región mediterránea en la que se incluye la totalidad de la península Ibérica. La razón de que nos encontremos con estas enormes mariposas nocturnas en las casas de campo es que las hojas de los árboles frutales son parte de las plantas nutricias de las que se alimenta (en estado larvario) junto con las de otras familias arbóreas como Quercus, Salix o Fraxinus.


Ahora, en los meses primaverales, es cuando podemos observar al gran pavón como imago, es decir, como mariposa en fase adulta. Apenas viven una semana que la aprovechan para buscar pareja activamente y reproducirse, dejando la hembra, finalmente, una puesta de alrededor de 200 huevos que eclosionarán a finales de primavera. Las larvas que nazcan pasarán por cuatro estadios hasta alcanzar diez centímetros de longitud y transformarse a continuación en crisálida en el mes de agosto, estado en el que permanecerán todo el invierno hasta que llegue la primavera.


Esta especie ha desarrollado un tipo de estrategia de supervivencia a lo largo de la evolución llamada automimetismo, consistente, en este caso concreto, en desarrollar unos grandes ocelos en las alas muy similares a los ojos de una rapaz nocturna con el fin de evitar ser atacada por posibles depredadores. Aunque hoy sus mayores amenazadas, como podemos imaginar, están relacionadas con el hombre y el empleo de pesticidas.


También Mara nos envía fotos de otros animalillos que campan alrededor de su casa como topillos campestres, musarañas tricolor o lagartijas roqueras. Una felicitación desde aquí a todas las personas que como ella respeta a la fauna con la que convive, disfruta de su presencia y reconoce su valor medio ambiental. 





viernes, 21 de mayo de 2021

Aves mediterráneas en Ayala: la abubilla, la curruca cabecinegra, el gorrión chillón y la oropéndola.

 

A pesar de que las sierras de Gibijo, Arkamo o Salvada se encuentran dentro de lo que se conoce como región eurosiberiana desde el punto de vista biogeográfico, la proximidad con el mundo mediterráneo hace que en estos lugares todavía podamos observar ejemplares de especies asociadas a estos ambientes mediterráneos: uva de oso, víbora áspid, sapo corredor, murciélago rabudo o colirrojo real. Pero si continuamos sólo un poco más al norte, en la Comarca Cantábrica Alavesa, este tipo de taxones desaparecen por completo y solo en algunos casos volverán a aparecer en la zona costera al moderarse las temperaturas. Sin embargo, en los últimos años hemos detectado en Ayala algunas especies de aves de distribución mediterránea que comentaremos a continuación.

Guillomo. Sierra de Arkamo.

Víbora áspid. Sierra de Arkamo.

Sapo corredor. Sierra de Gibijo.

La abubilla es una de estas aves típicamente mediterráneas. Ocupa toda la península Ibérica excepto la fachada atlántica, situación que se reproduce en el País Vasco donde la abubilla está presente como reproductora en el área meridional y sólo puntualmente podemos hallarla en los territorios de Gipuzkoa y Bizkaia. Tampoco vamos a encontrar abubillas en Ayala a excepción de los momentos del paso migratorio, sobre todo en los meses primaverales cuando regresan de África y se disponen a ocupar los territorios para reproducirse. Sin embargo, desde hace 4 o 5 años llevamos observando ejemplares durante la primavera y el verano en el entorno de la ermita de Etxaurren, habiendo contado en agosto del año pasado hasta 6 individuos juntos lo que nos hizo suponer que se trataba de un grupo familiar y que la reproducción en esta zona es una realidad.

Abubilla fotografiada en menoio

La curruca cabecinegra es otra especie de distribución mediterránea. Se encuentra en toda la mitad sur de la península Ibérica, Levante y Valle del Ebro, mientras que evita el Sistema Ibérico, la Meseta Norte, la Cordillera Cantábrica y los Pirineos. En el País Vasco es bien conocida su presencia en el extremo más meridional de Álava y en la zona costera, es decir, allí donde las temperaturas son más acordes para una especie termófila como ésta. Jose Antonio Gainzarain en su libro Atlas de aves invernantes de Álava (2002-2005) recoge la cita de esta especie en Gordéliz (Artziniega), indicando que podría ser la primera señal de una futura expansión por los valles atlánticos alaveses. Por nuestra parte hemos recogido varias citas de esta curruca en el pico Montenegro (próximo a Retes de Tudela) en la época primaveral, sin poder confirmar hasta la fecha la reproducción, si bien su carácter sedentario y la observación de ejemplares de ambos sexos nos hace pensar que sí.


Curruca cabecinegra en Montenegro (Artziniega)

Según consta en la bibliografía, el área de distribución del gorrión chillón en la península ibérica coincide con la de la región mediterránea. De este modo, en los pueblos del Valle de Losa situados en las faldas de la Sierra Salvada no es raro observar aún ejemplares, pero al descender por la vertiente norte de esta montaña las citas de su presencia resultan excepcionales. Se había observado un pequeño bando en Erbi y en Tertanga teníamos constancia de varios ejemplares durante los meses primaverales; y a estas citas hay que añadir el nido que encontró el año pasado Patxi Urruela en un cobertizo ganadero situado en el pueblo de Respaldiza, en este caso se confirmó la reproducción de la especie. Este año volveremos al mismo lugar para comprobar si han vuelto a este mismo lugar para criar.


Cobertizo donde crío en verano de 2020 el gorrión chillón en Respaldiza.

Al igual que el resto de las especies tratadas aquí, la oropéndola posee una tendencia termófila y se encuentra extendida por toda la península Ibérica a excepción de la región eurosiberiana entre la que se encuentra la Comarca Cantábrica Alavesa. En 2012 la oropéndola fue protagonista de una entrada en este blog ya que oíamos su canto en un robledal de Murga cada primavera y ese mismo año seguimos escuchándola a principios de julio por lo que sospechamos que se estaba reproduciendo en la zona desde hacía unos años. El año pasado Juanma Pérez de Ana localizó en Orduña un nido con pollos confirmando definitivamente la reproducción de la oropéndola en la comarca.

Nido con pollos de oropéndola. Imagen extraída del blog de Juanma Pérez de Ana, Sierra Salvada.

Las citas de especies mediterráneas en la Comarca Cantábrica Alavesa podrían ser simplemente casos aislados que siempre se van a producir, sobre todo en el mundo de las aves ya que poseen una mayor movilidad que otros grupos faunísticos como los anfibios. Otra razón que podría estar detrás de estas citas sería el aumento de las temperaturas registrado también a nivel local, tal como ya indicamos en una entrada en este blog, o incluso la mayor naturalización del territorio después de la desaparición del paisaje agrícola a partir de la década de los años sesenta del siglo pasado y que ha permitido la formación de setos, el aumento de vegetación de ribera o la creación de amplias zonas de matorral. Aunque seguramente sea la suma de todas estas causas lo que esté originando la presencia de estas especies de carácter mediterráneo en nuestra comarca.

En la Sierra Salvada también nos encontramos con alguna sorpresa similar pues nos constan citas como la de ruiseñores comunes o currucas carrasqueñas de las que hablaremos en otra ocasión.

 

martes, 20 de abril de 2021

ITZULTZEAK. REGRESARES.

 

 


ITZULTZEAK

 


Hemen zaudete, berriz ere …

Hilabeteak joan dira zuen zurtoin lehorrak erori zirenetik, udako beroak zuen hostoak zimeldu zituenetik. Geroztik, zuen arrastorik ez lurrazalean. Baina lurpean, hor nonbait, bizitzaren txingarrak bizirik zirauten.

Aiarako orkideak landare geofitoak dira, hau da, urteko tarterik luzeena aireko zatirik gabe ematen dute, zurtoin, hosto eta lorerik gabe. Eta ondorioz, fotosintesirik egiteko inolako aukerarik gabe. Nola liteke ba hainbeste hilabetez bizirik irautea?

 

Orchis purpurea

Garai bateko jakitunek garrantzi handia aitortu zioten “espezien arteko lehia” kontzeptuari bizitzaren fenomenoak azaltzeko. Eta arrazoia zuten. Baina aldi berean, pentsalari anarkistek maite zuten gogoraraztea espezien arteko eta banakoen arteko “elkar laguntza” funtsezkoa zela ekosistemen eraketarako eta funtzionamendurako.

Orkideak itxuraz desagerturik daudenean, ez daude ez hilik, ezta bakarrik ere. Lurpeko bere erraboilek onddo espezifiko batzuekin harreman sinbiotikoa eratzen dute, mikorrizazioa deiturikoa. Onddoak nolabait kutsatu, parasitatu egiten du orkidea, baina aldi berean, landarea fotosintesirik egin ezinean aurkitzen den hilabete luzeetan, bizirik mantentzen du.

Ophrys fusca

Zein mekanismo izkutu bezain harrigarriz esnatzen dira orkideak, kimu berriak sortarazteko? Lurraren tenperaturaren gorakadak, edo argi orduen luzatzeak izango al da berpizkunde horren erantzule? Agian onddoak bidalitako seinale kimikoren batek? Auskalo …

Kontua da itzuli zaretela, eta baita neu itzuli ere, txoko kuttun jakinetan zuen aztarnak bilatzera. Hemen zaudete berriz. Aurrena begi trebatuek hain errez bereizten dituzten hosto-erroseta ageriz, gero zurtoina sortuz, hostoak nahiz zurtoina klorofilaz beterik, fotosintesia egiteko prest. Garaia iritsi baita onddoari jasotako laguntza eskertzeko eta itzultzeko, elkar laguntzaren funtsa hortan datzalako.

 

Ophrys fusca

Azkenik, landare miresgarri hauen loreak agertuko dira, apal bezain eder, itxuraz zelai pobre, lehor eta harritsuenak alaitzeko, polinizatzaileen zoramenarako eta gure miresmena eta plazerrarako. Baina hori beste istorioa da, beste noizbait kontatu beharrekoa.

Oraingoz, apirileko lehen hamabostaldian, esan dezagun dagoeneko bospasei orkidea espezie aurkitu ditzakegula Aiarako landa eta erkameztietan. Orchis mascula eta purpurea ugari eta nonahi ageri dira, Ophrys fusca, lutea, sphegodes eta tenthredinifera bakanago, baina tarteka azaltzen dira. Aceras antropophorum-en landareak ozta ozta aterata daude, lorerik zabaldu gabe oraindik.

Udaberriaren mirariak abiatu dira. Badugu zer ikusi eta zer miretsi!

Ophrys fusca






REGRESARES

 

Aquí estáis otra vez …

Meses han pasado desde que cayeron vuestros tallos resecos, desde que los calores del estío marchitaron vuestras hojas. Desde entonces, ni rastro de vosotras en la superficie. Pero en alguna parte, bajo tierra, las brasas de la vida permanecían.

Las orquídeas de Ayala son plantas geófitas, esto es, pasan la mayor parte del año sin partes aéreas, sin tallos, hojas ni flores. Y en consecuencia sin ninguna posibilidad de realizar la fotosíntesis. ¿Cómo es posible que sobrevivan tantos meses?

Orchis mascula
 

Los sabios de otros tiempos reconocieron la gran importancia del concepto de “competencia entre especies” para explicar los fenómenos de la vida. Y no les faltaba razón. Pero al mismo tiempo, los pensadores anarquistas gustaban de recordarnos lo fundamental que resulta el “apoyo mutuo” entre especies e individuos, para la estructura y funcionamiento de los ecosistemas.

Cuando aparentemente las orquídeas no están, no están ni muertas ni solas. Sus bulbos subterráneos desarrollan con ciertos hongos específicos una relación simbiótica conocida como micorrización. De algún modo, el hongo infecta, parasita la orquídea, pero a la vez la mantiene viva durante los largos meses en que no puede realizar la fotosíntesis.

Orchis masculako taldetxoa

¿En virtud de que mecanismo tan misterioso como fascinante se despiertan las orquídeas para hacer surgir nuevos brotes? Será la temperatura del suelo, o el aumento de horas de luz el responsable de este renacimiento? ¿Tal vez alguna señal química emitida por el hongo? A saber …

El caso es que habéis regresado, y yo también, a buscar vuestro rastro en los queridos txokos conocidos. Aquí estáis otra vez. Primero mostrando esa roseta foliar que tan fácilmente reconoce la mirada entrenada, luego formando el tallo, tanto hojas como tallos repletos de clorofila, listas para la fotosíntesis. Pues ya es tiempo de agradecer al hongo la ayuda prestada y devolvérsela, pues en esto consiste el apoyo mutuo.

Ophrys lutea

Por último, aparecerán las flores de estas plantas sorprendentes, tan humildes como bellas, alegrando los prados aparentemente más resecos, estériles y pedregosos, para locura de polinizadores y nuestro placer y maravilla. Pero esa es otra historia, que tal vez contemos en otra ocasión. 

Ophrys lutea

Por lo pronto, digamos que en esta primera quincena de abril podemos encontrar media docena de especies de orquídeas en los prados y quejigales de Ayala. Orchis mascula y purpurea son abundantes y bastante comunes, mientras que Ophrys fusca, lutea, sphegodes y tenthredinifera aunque màs escasas, se  dejan ver. En cambio, Aceras antropophorum apenas ha brotado, sin llegar a desplegar sus flores.

Se han iniciado los milagros de la primavera. ¡Hay tanto que contemplar, tanto que admirar!

Ophrys lutea


Patxi Aiaratik 

Ophrys sphegodes

 





domingo, 4 de abril de 2021

Una imagen

Una imagen: contenedores de basura del área recreativa habilitada por la Diputación.

Lugar: en la cola del embalse de Maroño (Ayala),

Fecha: días 3 y 4 de abril de 2021, Semana Santa

Contenedores del área recreativa del embalse de Maroño 03/04/2021

Contenedores del área recreativa del embalse de Maroño 04/04/2021

Cada uno tendrá su reflexión viendo las imágenes. Es evidente que las personas que echan la bolsa de basura en unos contenedores desbordados piensan que alguien vendrá a recoger la mierda que se ha acumulado en este sitio. Consideran que llevarse la mierda a su casa o a otro lugar donde los contenedores no estén llenos no es un esfuerzo asumible. Forma parte del ritual del botellón y del dominguerismo más chusco. Y es lo que pasa cuando ese ritual se lleva a cabo en plena naturaleza, un lugar emblemático de la comarca, fotogénico, como el embalse de Maroño. Atractivo natural, destino turístico, lugar de esparcimiento… convertido en un mierdal infame.

La solución pasa por la educación pensarán algunos. Lo de respetar el medio ambiente, el reciclaje, el contacto respetuoso con la naturaleza es como un mantra que se repite a la población desde la tierna infancia. Por tanto algo falla, parece claro que la educación no sirve para cambiar los comportamientos incívicos de mucha gente cuando sale de casa desbocada.

Lo mejor sería quitar esos contenedores de ese sitio que, como se ve, actúan de atrayente para la basura. Aunque puede que sea peor, ya que acostumbrados a que haya contenedor, quizá los usuarios del área recreativa empezarían a dejar la basura tirada en cualquier sitio. O protestarían porque no hay donde dejar los desperdicios, vaya incordio.

Seguramente imágenes como esta o parecidas se han repetido en otros sitios “naturales” durante esta Semana Santa de confinamiento en la CAPV, donde los lugares emblemáticos y publicitados son precisamente los menos indicados para disfrutar de la tranquilidad, dada su masificación.

Dado que no hay solución para nuestro incivismo las iniciativas turísticas y de esparcimiento debieran ser profundamente revisadas si no queremos degradar los lugares atractivos y crear un nuevo conflicto entre lo urbano y lo rural. 

Y, de verdad, se echa de menos un poquito más de vigilancia y de control por parte de las autoridades además de evidenciarse una evidente falta de previsión de los efectos del esparcimiento colectivo en la naturaleza en tiempos de confinamientos y toques de queda.

sábado, 3 de abril de 2021

Ascensión a la Peña de Aro en invierno y descenso en primavera

Así de revuelto fue precisamente el 20 de marzo, el día que terminaba el invierno y comenzaba la primavera. El mes de marzo no es el mejor mes para deleitarnos con la flora o para observar fauna: la mayor parte de las aves migratorias que se reproducirán aquí en abril o mayo aún no han llegado y hace frío como para que los reptiles salgan a solearse o para que se activen las mariposas. Pero la previsión meteorológica anunciaba la entrada de un frente y estas nevadas poco intensas de marzo son excelentes para descubrir, a través de las huellas, los mamíferos que viven en nuestras montañas, en esta ocasión en la Sierra Salvada.

Peña de Aro

Dejo el coche en la pista del Aro, en el aparcamiento del cruce de Añes. De aquí hasta el portillo del Aro se tarda algo menos de una hora. El comienzo del recorrido transcurre entre pinares silvestres y quejigos con el coro de fondo formado por el canto de mirlos, zorzales comunes, chochines y currucas capirotadas. Una ardilla intenta pasar desapercibida y un corzo se dirige hacia su lugar de encame. El bosque da paso a la ladera herbosa bajo la escarpada pared de la Peña del Aro y comienzan escucharse a los incondicionales del cantil: las chovas piquirrojas y los cuervos.



Los dos abrevaderos que encontramos antes del Portillo del Aro y algún que otro charco han sido aprovechados por sapos parteros y ranas bermejas para depositar sus puestas y se encuentran a rebosar de zanpaburus. Varias cagarrutas de garduña o marta junto a uno de los abrevaderos nos indican que visitan el lugar asiduamente.

El renacuajo grande es un sapo partero y el pequeño una rana bermeja.

A partir del Portillo del Aro la acumulación de nieve es mayor así que me pongo a buscar huellas trazando un recorrido donde espero encontrar más movimiento de animales: cabañas de Kobata, Fuente Askaita, Portillo de los Lobos y Hayal de Sendayala. La Sierra Salvada es un enclave natural protegido por la figura de Zona de Especial Protección para las Aves, en virtud de su rica biodiversidad, no sólo por el más de un centenar de aves reproductoras sino también por otros taxones faunísticos y vegetales.



Sin embargo, hoy no es un día con suerte y apenas encuentro el rastro de algún corzo, raposo, liebre europea y ardilla, además de las huellas omnipresentes de cornejas y zorzales. Otras veces no ha sido difícil dar con los pasos del tejón, marcando característicamente las uñas y dejando unas huellas que pueden recordar a un oso; o con el rastro de garduñas y martas que desaparecen en la base de algún árbol que habrán utilizado para acechar a sus presas. En algunos lugares que visité esperaba encontrar las huellas de algún gato montés, una de las joyas de nuestras montañas. Y hubiera sido la mejor sorpresa de todas haber dado con el rastro de uno de esos lobos divagantes que de vez en cuando visitan la sierra. Pero hay más mamíferos que se pudieran haber detectado en un espacio con esta rica biodiversidad: jabalíes, turones, ginetas o comadrejas. Otra vez será.





Tras varias horas buscando huellas dejo atrás los hayedos y los escasos cantos de zorzales charlos y trepadores azules, y me encamino a la Peña de Aro (1.133 m). Algo tienen estas cumbres que atraen a las aves de montaña: Xabi fotografió aquí este mismo invierno acentores alpinos y gorriones alpinos, también se han observado treparriscos, y ahora me encuentro con un pequeño bando de bisbitas alpinos soportando un viento gélido.


Bisbita alpino

Desciendo la montaña sin haberme encontrado con nadie en todo este tiempo, algo realmente infrecuente dada la alta masificación que últimamente soportan algunas de nuestras montañas: la cascada de Gujuli, el Salto del Nervión, Gorbea o la Sierra Salvada, es decir, aquellas mejor conservadas y de mayor belleza. Es curioso que las áreas de explotación forestal resultan auténticos agujeros negros en los mapas de las actividades recreativas (merenderos, pruebas deportivas, rutas señalizadas) de modo que no parecen existir, ni dichas áreas ni la problemática medioambiental que generan como es el creciente y preocupante cultivo del eucalipto. 


Pero por hoy vamos a quedarnos con el buen sabor de boca de haber disfrutado de una manaña de nieve en la Sierra Salvada y una tarde soleada por la sopeña.